Snowkiting en Noruega por Susi Mai & Tuva Jansen

Kitespain Magazine presenta a Susi Mai, rider de Cabrinha,  y Tuva Jansen, rider de Takoon, en las inmensas colinas de Haugastol, de  Hardangervidda, en Noruega. Con motivo de la Red Bull Ragnarok, un evento en el que participaron más de 200 riders de todo el mundo para realizar una carrera de 3 horas, dividida en 6 rondas de 30 minutos y unos 10-20km de extensión, Susi Mai y Tuva Jansen nos cuentan cómo les fue en su primera experiencia con este fabuloso deporte, el Snowkiting.

“¿Snowkiting? Suena a algo así como kiteboarding normal, pero en la nieve, ¿no? ¡Decididamente, no!  A decir verdad, es mucho pero que muchísimo más que eso.

Siempre quise probar esta versión del kite pero por alguna misteriosa razón tuve que esperar nada más y nada menos que ocho largos años, antes de poder echar raíces en un lugar donde pudiera practicarlo. Lugar que, dicho sea de paso, resultó ser el mejor del mundo para el snowkiting: Haugastol, en la planicie de  Hardangervidda, en Noruega. Difícil de pronunciar el nombrecito de marras, ¿no es cierto? Ya lo sé, pero os aseguro que vale la pena desplazarse hasta aquí.

Llegué a Oslo procedente de Cabarete, con un bronceado de los que hacen época tras varias semanas al sol. Tuva Jansen me recogió en el aeropuerto y me acompañó a su casa. Estaba muy cansada, así que me acosté y dormí como un lirón. Al día siguiente, después de un suculento desayuno, tomamos un tren, en dirección a las montañas, que nos condujo a través de algunos de los parajes rurales más imponentes de Noruega. A medida que íbamos ascendiendo, los árboles escaseaban cada vez más, dejando paso a la nieve.  Al rato, todo cuanto podía divisarse eran colinas cubiertas de un tupido manto blanco.

Por fin, llegamos a Haugastol Turistensenter, un colosal  complejo de esquí situado a pie de ferrocarril, junto a la mismísima estación, con capacidad para 130 personas y donde se respira una innegable y deliciosa atmósfera nórdica.

Así pues, ¡al ataque, chicos!

¿Cómo? ¿Todavía no? ¿A qué estamos esperando? ¿Al convoy? ¡Vaya por Dios! ¡Hale, pues!, ¡esperemos!

¿El motivo? Veréis, el grosor de la nieve allí arriba es tal, que las carreteras sólo se abren cada dos o tres horas, y los automóviles deben resignarse a hacer una cola interminable hasta que la pala quitanieves las limpie. Como es natural, después de tanto rato, unos se han dormido y otros están a punto de hacerlo. De manera que, cuando se avista el primer coche que empieza a moverse, te pilla desprevenido, nadie está listo y se arma un lío de mil demonios. Que si el de delante no arranca, que si el anticongelante, que si… En fin, según dicen aquí, lo de costumbre.

A lo largo de todo el trayecto, en las cunetas, unos pequeños banderines colocados sobre postes indican la dirección y la fuerza del viento. A partir de allí, todo cuanto hay que hacer es seguir ascendiendo hasta que los banderines nos indiquen la presencia de  buen viento. Llegamos al spot y nos pusimos manos a la obra. Es curioso comprobar hasta qué punto realizar tareas tan sencillas como peinar las líneas o acoplar la válvula de inflado a la cometa pueden llevar hasta 15 minutos en un ambiente frío. Cuando, finalmente, Tuva y yo estuvimos preparadas, los chicos que nos habían conducido hasta allí llevaban ya un buen rato descendiendo por las colinas. De manera que, a falta de consejos, no nos quedó otro remedio que recurrir a la intuición para levantar el kite.

El despegue en la nieve con la cometa es lo más fácil del mundo, siempre, claro está, que no estés de espaldas a una elevación o en cualquier otro lugar de viento nulo.

La verdad es que no tardas demasiado en descubrir la diferencia entre snowboarding y kiteboarding. Podría decir que el snowboard es algo así como navegar sin quillas en agua súper lisa. Todo se desarrolla con tanta suavidad, que poco a poco vas olvidando que eres un principiante en esta modalidad e intentas realizar el primer salto. ¡Vas listo! Nada tiene que ver. Procura que alguien pueda grabar en video ese primer salto. Luego, cuando lo veas, ¡te partirás de risa!

Y claro, después del primer salto, el primer aterrizaje. ¡La monda! La nieve es mucho más dura que el agua, y el impacto te pilla por sorpresa. No sólo te estrellas, sino que lo haces bruscamente. Incluso, el más mínimo salto puede acarrearte serias dificultades.

Superada esta etapa, las cosas van mejorando poquito a poco y experimentas esa especialísima sensación de estar navegando colina arriba y colina abajo. Es, entonces, cuando te das cuenta de la extraordinaria tridimensionalidad del snowkiting. En efecto, en lugar de desplazarte a lo largo de una superficie de agua, puedes subir y bajar, trazar diagonales entre las colinas, y con el tiempo y más experiencia, superarlas.

Mi mensaje para los lectores de Kitespain Magazine es el siguiente: “Probad el snowkiting, aunque sólo sea por una vez en la vida. Os aseguro que caeréis rendidos a sus pies”.

Llevaba muchísimo tiempo esperando esta ocasión, no sólo porque sabía lo divertido que iba a resultar, sino también porque jamás había pisado la nieve. ¡Fue, realmente, genial!

 Susi Mai

Kitespain Magazine

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One Comment

  • Frances_co
    2010/06/07 | Permalink |

    los que aun no lo hayan probado…de verdad….es una sensacion totalmente diferente. Un 10 para Susi y Tuva!!

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